A un semestre de los comicios federales y estatales de 2009, lo nuevo no es la percepción social de que asistimos al regreso del PRI.
No, la verdadera novedad es que todos, partidos, gobiernos, iglesias y empresarios parecen empeñados en pavimentar ese regreso. Resulta que luego de ocho años de gobiernos azules y de 11 años de administraciones amarillas en el DF y en otras entidades, son muchos los melancólicos que anhelan el regreso del PRI.
Y dígalo si no un estribillo populachero que empieza a generalizarse —elaborado a partir del éxito ya clásico de Marco Antonio Solís “Si no te hubieras ido”—, y que alude a la ausencia mayoritaria del PRI en poderes federales como el Legislativo y el Ejecutivo.
Cantado con el tono de “Si no te hubieras ido”, dice el estribillo: “No hay nada más difícil que vivir sin PRI… sufriendo en la espera de verte llegar… Si no te hubieras ido sería tan feliz...”.
Y es que en el fondo, el seguro regreso del PRI a las mayorías del Congreso en 2009, y el harto probable regreso al poder presidencial en 2012, va mucho más allá de una mera ocurrencia o de una alineación astral; trasciende el enojo social por los deficientes resultados de gobiernos azules o amarillos, y se instala en el terreno de la estupidez política. ¿Por qué?
Porque pareciera que todos —en conjunto y en lo individual—, desde el gobierno de Calderón, su partido y los poderes estatales azules, pasando por el gobierno del DF, su partido, sus liderazgos mesiánicos, jefes partidistas y gestiones estatales —sin faltar empresarios y jerarcas católicos y de otros cultos—, hacen todo lo posible por favorecer el regreso del PRI.
A los ojos de todos —azules y amarillos—, lo mismo pelean, se despellejan, dividen y subdividen, enseñan sus formidables incapacidades, engordan la imagen de los tricolores a la menor provocación y, en el colmo, los hacen ver ante los electores como los reyes del “necesariato”. Es decir, el PRI no sólo es necesario, sino indispensables. ¿Qué tal?
Bueno, ya en el extremo del “sospechosismo”, no faltan los que aventuran que en realidad asistimos a una suerte de complot perverso de quién sabe qué fuerza extraña para favorecer el regreso del PRI; camino de vuelta que, por cierto, no ven mal muchos mexicanos, a quienes se debería entregar la medalla a “la desmemoria”. Pero, ¿es culpa del indio, o de quien lo hizo compadre? ¿Es culpa del que mata a la vaca, o del que le jala la pata? Que el saco se lo ponga cada quien.
O bien ... Usted que piensa ?
